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Los animales salvajes de la televisión, ¿no están felices?

Las personas tendemos a atribuir a los animales características que son propias de los humanos, no de los animales de otras especies. Este fenómeno se conoce como antropomorfización. Así, expresiones que a nosotros nos parecen sonrisas o gestos de felicidad, pueden no tener ningún significado para ellos, ir en contra de su lenguaje corporal o social e incluso ser muestras de miedo. El ejemplo más claro es la sonrisa del chimpancé, que en realidad es una mueca de pánico. O la sonrisa del delfín que es solamente la forma de su mandíbula.

Muchos entrenadores que alegan tener una relación especial con sus animales y afirman que se encuentran felices y en condiciones óptimas, han sufrido graves ataques. Algunos incluso han muerto. La realidad es que, aunque les separan de sus madres para ser criados por las personas y forzados a obedecer a los humanos, llega un momento en que -alcanzada la madurez sexual-  se acentúan sus instintos y su frustración, por lo que suelen volverse agresivos. Para controlarlos, se les mutila, se les seda o se les obliga a pasar hambre.

Además, ciertas especies, como la mayoría de primates o los elefantes, son altamente sociales y necesitan la compañía de otros individuos de su especie, y sin embargo en esta industria se les obliga a vivir en soledad. Este mero aislamiento ya es maltrato psicológico que provoca estrés y sufrimiento a los animales.

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